Ya que me lo piden tan bien, voy a escribir en castellano.
Es muy tarde y no estoy de buen humor. Esta mierda de tiempo me vuelve loca y no logro comprender por qué, a principios de julio, los termómetros no llegan a los 25 grados y el sol no me deleita con un solo rayo en todo el día.
A lo mejor soy un poco esquizofrénica. Hace cuatro días postee que estaba tan contenta como Heidy saltando entre ovejas por los prados suizos, y hoy mi humor ha bajado bajo zero. Dejémoslo en una serie de circunstancias que no ayudan a mejorar el estado de ánimo que me provoca la letárgia de esos últimos días. Y la esquizofrénia, que es muy mala.
Pero sentir que no tienes nada que hacer es asqueroso. Se me queda la cara cuadrada de tantas horas delante del ordenador y al Facebook cada vez le tengo más rábia porque se está volviendo sinónimo de soledad, de aburrimiento. Y luego vienen las notas. Entro en el despacho del profesor temblorosa, temiendo lo que se avecina: suspenso. Oscuridad. Caigo al vacio. ¡Clank! Me he cogido a un saliente de las rocas del abismo de la desmoralización: aún tengo otras asignaturas aprobadas. Pero se me cortan los dedos y me duelen. Además, la sangre no me gusta, y menos la mía. Aún así, no me desengancho, porque cuando lo haga voy a dejar la carrera y me haré chola.
Catalan: mi lengua materna.
Catalan A4: Un tostón de asignatura en la cual tendré que volver a empollarme la teoría de las oraciones subordinadas y si la causa de las del tipo X.Y. (de mis apuntes) es eficiente, natural o se la sacaron del c*ño en 1984 un grupo de gramáticos y gramáticas que se aburrían en sus casas y decidieron amargarme la vida. ¿Por qué nunca presté atención en las clases de bachillerato? Puede que allí estuviera la base de todo esto, pero no, la señora, que es tan lista-gilipollas, prefería dibujar caricaturas en el libro y charlar con los vecinos. Y así vamos tirando, como podemos.
¿Y cómo se siente usted al respecto? Pues como una mierda.
Heidelberg, ¡¿dónde estás?!
Sólo quiero una cosa: ilusiones.
Bueno, dos: y una cabina.
Bona nit.
Un beso y hasta la semana que viene,
Laura, die Dolmetscherin




